El deterioro del empleo juvenil se ha convertido en una de las principales preocupaciones para gobiernos, empresas y sistemas educativos en distintas regiones del mundo. En Perú, esta problemática se manifiesta con especial claridad: los jóvenes ocupan apenas uno de cada diez puestos de trabajo, tras más de tres años de retrocesos consecutivos. Aunque el fenómeno responde a dinámicas locales, también refleja desafíos estructurales compartidos por otras economías emergentes, como la informalidad, la baja productividad y la desconexión entre educación y mercado laboral.
La dificultad de los jóvenes para acceder a empleos formales no solo impacta en las tasas de ocupación, sino también en la sostenibilidad del crecimiento económico. La ausencia de oportunidades laborales estables limita la acumulación de experiencia, reduce la movilidad social y afecta la competitividad del talento local. En este contexto, el debate sobre la empleabilidad juvenil ha comenzado a trasladarse del ámbito exclusivamente económico al terreno de la formación profesional.
Diversos análisis internacionales coinciden en que el nivel educativo sigue siendo uno de los principales factores que explican la inserción laboral. Sin embargo, la discusión ya no gira únicamente en torno a la cantidad de años de estudio, sino a la pertinencia de la formación recibida. En mercados laborales cada vez más dinámicos, las empresas demandan perfiles con competencias prácticas, capacidad de adaptación y comprensión de entornos globales.
En Perú, esta brecha entre formación y demanda laboral ha impulsado a instituciones de educación superior a replantear sus modelos académicos. Un caso representativo es el del Instituto de Educación Superior Privado John Von Neumann, una institución peruana con sede en Tacna, especializada exclusivamente en carreras de negocios como Administración de Negocios Internacionales y Contabilidad. Su propuesta se centra en preparar a los estudiantes para un mercado laboral competitivo, con énfasis en habilidades aplicadas y una visión empresarial alineada a estándares internacionales.
Este tipo de enfoque responde a una realidad cada vez más evidente en el mundo corporativo: la empleabilidad ya no depende únicamente del título obtenido, sino de la capacidad del profesional para integrarse a contextos económicos complejos y cambiantes. La especialización temprana y la orientación a sectores con demanda sostenida se han convertido en elementos diferenciadores para los jóvenes que buscan ingresar al mercado laboral.
Un componente clave dentro de estos nuevos modelos educativos es la articulación con instituciones académicas internacionales. En ese marco, Neumann mantiene una alianza con Blackwell Global University, una universidad con sede en Estados Unidos, que permite a sus egresados acceder a una continuidad de estudios orientada a la obtención de un título profesional estadounidense. Esta opción amplía el horizonte académico y profesional de los estudiantes, al tiempo que responde a una demanda creciente por credenciales con reconocimiento internacional.
Desde la perspectiva empresarial, la formación internacional aporta valor en un entorno donde las organizaciones operan cada vez más en mercados interconectados. La exposición a estándares educativos globales, metodologías comparadas y marcos regulatorios distintos fortalece la capacidad de los profesionales para desenvolverse en contextos multiculturales y asumir roles estratégicos dentro de las compañías.
La experiencia peruana se inscribe en una tendencia regional más amplia. En América Latina, países con altos niveles de informalidad juvenil están explorando esquemas educativos que combinen formación local con proyección internacional. Estas iniciativas buscan no solo mejorar las tasas de empleo, sino también elevar la calidad del capital humano, un factor determinante para atraer inversión y fomentar la innovación.
No obstante, el reto sigue siendo estructural. Mejorar la empleabilidad juvenil requiere una coordinación efectiva entre el sistema educativo, el sector productivo y las políticas públicas. La educación superior, en este contexto, cumple un rol estratégico al actuar como puente entre las aspiraciones de los jóvenes y las necesidades reales del mercado laboral.
Para Perú y otras economías emergentes, el fortalecimiento de instituciones especializadas y la consolidación de alianzas académicas internacionales representan una oportunidad para transformar la crisis del empleo juvenil en un proceso de adaptación y modernización. Más allá de los indicadores coyunturales, la clave estará en construir trayectorias formativas que permitan a los jóvenes no solo acceder a un empleo, sino desarrollar carreras sostenibles en un entorno económico globalizado.
La manera en que los países enfrenten este desafío tendrá un impacto directo en su competitividad futura. En un mercado donde el talento se ha convertido en un activo estratégico, la educación orientada a la empleabilidad y con proyección internacional se perfila como uno de los factores decisivos para integrar a las nuevas generaciones al crecimiento económico.
El dominio de idiomas se ha convertido en una competencia estratégica para empresas y profesionales que operan en entornos internacionales. En Europa, y especialmente en España, la formación lingüística orientada al ámbito profesional influye cada vez más en la empleabilidad y la competitividad empresarial.
Escribe tu comentario